1. Úsala como símbolo de fe en tu día a día o en momentos de oración.
2. Guárdala en un lugar seco y limpio después de cada uso.
3. Evita el contacto frecuente con agua, perfumes o químicos.
4. Límpiala suavemente con un paño seco para conservar su brillo.
Consejo: Guárdala por separado para proteger su acabado y mantenerla en mejor estado.